Ya finalizaron las etapas de la búsqueda de empleo en las que tenías que presentar material escrito (currículum, cuestionarios, etc.). Llegó el momento de enfrentarse cara a cara con tu futuro empleador o con la persona encargada de la selección de recursos humanos en una entrevista personal. Ha sido largo el camino recorrido hasta este momento, no querrás arruinarlo respondiendo inadecuadamente a una serie de preguntas que te serán formuladas.
Debes saber que por lo general, las preguntas indagarán sobre antecedentes en tu formación y experiencia pero en ciertas ocasiones, aunque parezcan desconcertantes, recibirás algunas relativas al uso que haces de tu tiempo libre, cuestiones personales, gustos y preferencias. Todas las preguntas tienen un motivo y apuntan a descubrir aspectos concretos de tu personalidad. Pueden clasificarse en:
- Preguntas Cerradas: Se responden por “si” o “no”. No aportan demasiada información.
- Preguntas de Sondeo: buscan indagar sobre mayor información sobre determinados puntos de interés para el empleador. Son del tipo ¿por qué? ¿Qué sucedió? ¿cómo?
- Preguntas Hipotéticas: brindan información relativa a la capacidad de razonamiento. ¿qué haría Ud. si…? ¿Cómo resolvería Ud. …?
- Preguntas Intencionadas: suelen colocar al candidato en aprietos pues obligan a elecciones indeseables o directamente imposibles. Por ejemplo: “si tuviese que optar entre asistir a la empresa en un imprevisto ó cumplir un compromiso personal, ¿cuál elegiría Ud.?”. Los buenos profesionales no las utilizan, aunque en algunos casos tienen como finalidad medir la capacidad de reacción de un candidato y hallar respuestas originales o salidas airosas. No permitas que te confundan.
- Preguntas Capciosas: son aquéllas que sólo dan lugar a una respuesta. Si la entrevista es realizada por un profesional, éste sabrá que es inútil realizar estas preguntas. Por ejemplo: “El título de Bellas Artes que menciona en su CV, ¿cree que le ayudará a obtener el empleo en nuestra área Contable?…” Sonríe, cuenta hasta diez y responda con calma. Probablemente tu entrevistador busque ponerte nervioso. No lo ayudes.
- Preguntas Abiertas: sin dudas, son las más eficaces. Aportan valiosa información y permiten demostrar destrezas de comunicación verbal y no verbal del postulante. Un error común en este tipo de preguntas es abundar en detalles innecesarios. Sé conciso y no vayas más allá de los dos minutos en la exposición.
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